
RADIO EL MUNDO DEPORTES: Con seis décadas de historia, el mítico recinto vuelve a ser sede de un Mundial recordando momentos icónicos como el brillo de antaño de Pelé y Maradona. Su legado cultural trasciende lo deportivo.

RADIO EL MUNDO DEPORTES: Antes de confirmarse que la Copa Mundial regresaría a México en 2026, el Estadio Ciudad de México, conocido popularmente como Estadio Azteca, ya ocupaba un lugar destacado en la memoria colectiva del país. Este recinto, que será sede del partido inaugural el próximo jueves, ha sido testigo de momentos inolvidables en la historia del fútbol.
Con una trayectoria de seis décadas y tras una importante remodelación, el coloso de Santa Úrsula se encuentra listo para escribir un nuevo capítulo en su rica historia, consolidándose como uno de los escenarios más emblemáticos del mundo.
Para el historiador del fútbol mexicano Carlos Calderón, la relevancia del Estadio Azteca trasciende sus dimensiones arquitectónicas. “El Estadio Azteca es la catedral del fútbol, y es básicamente eso. A partir del Azteca hay otra historia. Han pasado por ahí dos Copas Mundiales y viene una tercera; se habrán jugado tres inauguraciones, dos finales; estuvo Pelé, estuvo Maradona, y una serie de eventos no solamente de fútbol, sino de otros índoles”, destacó Calderón.
Desde su apertura en 1966, este estadio ha elevado las expectativas deportivas de México. Concebido en un contexto en que el país buscaba posicionarse a nivel internacional, fue fundamental para obtener la sede de la Copa del Mundo de 1970 y posteriormente la de 1986.
La historia del Azteca está íntimamente ligada al fútbol mexicano y latinoamericano. Allí se consagró el Brasil de Pelé y se inmortalizó Diego Maradona con la “Mano de Dios” y el célebre “Gol del Siglo”, además de albergar algunos de los encuentros más recordados de la historia mundialista.
No obstante, el Azteca, renombrado como Estadio Ciudad de México por la FIFA para el Mundial de 2026, también ha sido escenario de eventos que van más allá del deporte. Conciertos multitudinarios, visitas papales y celebraciones masivas han convertido a este recinto en un referente cultural para varias generaciones.

El escritor y cronista mexicano Juan Villoro considera que el estadio “sintetiza buena parte de la identidad de la capital mexicana”. “El Estadio Azteca es un espacio absolutamente histórico. Va a ser sede por tercera vez de la inauguración de un Mundial, pero más allá de eso, ha sido una de las grandes catedrales del fútbol: el lugar que consagró a Pelé en 1970 y a Maradona en 1986. Es un estadio muy hermoso desde el punto de vista arquitectónico y un centro simbólico”, afirmó.
Diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el estadio destaca por elementos que evocan el pasado prehispánico de México. Villoro señala que las grecas geométricas de su fachada dialogan con las antiguas pirámides, fusionando modernidad y tradición en una misma estructura.
A lo largo de los años, el estadio ha acompañado la vida emocional de millones de aficionados. Villoro define al fútbol como “la infancia que regresa los domingos”, una idea que encuentra en el Azteca uno de sus escenarios más poderosos. “Cuando alguien ve un partido de fútbol, vuelve a ser niño. El fútbol, en esa medida, es una recuperación de nuestra infancia”, expresó.
La capacidad del estadio para evocar recuerdos y emociones explica su trascendencia a través de las generaciones. Calderón observa que cada época ha encontrado en el Azteca un motivo propio para identificarse con el inmueble, desde quienes asistieron a sus primeros partidos hasta aquellos que vivieron los mundiales y las finales de liga.
La remodelación realizada para el Mundial busca preservar ese legado, con nuevas tecnologías y servicios modernos que conviven con una esencia que permanece intacta. “Lo histórico prevalece. Es el estadio dos veces, ahora tres veces, mundialista. Lo que es la esencia del Estadio Azteca permanece”, concluyó Calderón.
Cuando el mundo dirija su atención hacia la Ciudad de México el jueves durante la inauguración de una nueva Copa Mundial, el Azteca no será solo un estadio renovado, sino un monumento vivo donde convergen historia, identidad y esperanza, ocupando un lugar único en la cultura mexicana y en la memoria del fútbol a nivel global.

¿Qué motivó a Emilio “El Tigre” Azcárraga a construir el Estadio Azteca?: El padre del actual dueño de Televisa decidió construir el icónico Estadio Azteca en 1962, después de adquirir al Club América en 1959.

El fútbol es el deporte favorito de la población mexicana, de eso no hay duda. Los millones de aficionados al balompié gritan con pasión y euforia cuando su equipo anota un gol. La historia del soccer en México es extensa, pues se remonta a inicios del siglo pasado, esto lo hace, también, uno de los deportes con más tradición.
Para ejecutar la construcción del Azteca, Azcárraga Milmo, en sociedad con los dueños del Atlante y el Necaxa, fundó la organización Fútbol del Distrito Federal S.A. de C.V. Posteriormente se convocó a un concurso para elegir el proyecto, en el que los concursantes fueron el español Félix Candela (constructor del Palacio de los Deportes), Enrique de la Mora (construyó la Bolsa Mexicana de Valores) y Pedro Ramírez Vázquez (diseñó del Museo Nacional de Antropología). Ramírez Vázquez resultó ganador.
Los clubes ayudaron a financiar la edificación y Guillermo Cañedo propuso que, para ayudar a solventar gastos, se vendieran los palcos. El terreno que se eligió se encontraba al sur de la Ciudad de México, hacia la salida a Cuernavaca, en el antiguo ejido de Santa Úrsula, sobre la Calzada de Tlalpan. Era una superficie rocosa, producto de las erupciones del volcán Xitle, lo que complicó la construcción del estadio.
Fue en agosto de 1962 que se colocó la primera piedra y comenzó la construcción que terminó, prácticamente, en 1966. El presupuesto original para la obra era de 95 millones de pesos, sin embargo, terminó costando más de 200 millones de pesos.

El nombre del estadio se asignó a través de un concurso en el que las personas enviaron por correo sus propuestas, y aquella que tuviera el mayor número de cartas, sería elegido. El ganador fue Antonio Vásquez Torres, quien vivía en León, Guanajuato, y fue el primero en enviar el nombre de “Azteca”. A él se le regalaron dos asientos de platea por 99 años.
Luego de que muriera Guillermo Cañedo, en 1997, Televisa rebautizó el estadio con el nombre del directivo, lo que no fue muy bien visto por la afición y tuvo que volver a su nombre original.
El primer partido del “Coloso de Santa Úrsula”, como se le conoce, se disputó el 29 de mayo de 1966, y estuvieron presentes el presidente de México de aquel entonces, Gustavo Díaz Ordaz; Stanley Rous, presidente de la FIFA; Emilio Azcárraga Milmo y los presidentes de los clubes que jugarían como locales y ayudaron en la construcción: Guillermo Cañedo (América ), Fernando González (Atlante) y Julio Orvañanos (Necaxa ).
En el encuentro jugaron el América contra el Torino, equipo italiano, en un partido amistoso. El primer gol, se dio en este encuentro, al minuto diez, por parte del brasileño Arlindo Dos Santos, quien jugaba en el América.


